El pasado mes de Agosto, la revista JAMDA, publicaba un artículo, en el que se habla de los efectos de los antipsicóticos, especialmente de los de nueva generación y su implicación en eventos cerebrovasculares.

Como es sabido, desde la introducción de los antipsicóticos de segunda generación (atípicos), se ha documentado un mayor riesgo de eventos vasculares asociados. Este mayor riesgo se ha señalado especialmente en los nuevos antipsicóticos en relación al aumento de eventos cerebrovasculares en pacientes mayores con demencia. Las causas no son claras; entre ellas se han señalado las arritmias por aumento del intervalo QT, alteraciones electrolíticas así como también el uso concomitante de fármacos que alargan el QT e historia familiar de enfermedades cardíacas.

Los pacientes con demencia, adicionalmente a las alteraciones cognitivas propias de la enfermedad, frecuentemente tienen alteraciones en la esfera psicológica y conductual, con lo que se conoce como síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia (SPCD). Entre ellos, destacan la depresión, ansiedad, apatía, agitación, alteraciones en el ritmo del sueño y de la comida, entre otros. Estos síntomas, son altamente estresantes para los propios pacientes, pero también para todos sus cuidadores. Además, se asocian a una más pronta institucionalización, aumento de la morbimortalidad y aumento de los costes sanitarios.
Por otra parte, su prevalencia es variable según la población estudiada pero es siempre elevada, así como también según el tipo de demencia, siendo la demencia frontotemporal y la de cuerpos de Lewy, las más implicadas.

Justamente, en el mismo número de la revista, Hsu et al. , se realiza una revisión sistemática y un meta-análisis observacional sobre el riesgo cerebrovascular de los antipsicóticos. Los autores, realizan una revisión de la literatura desde 1970 hasta Octubre de 2016, eligiendo finalmente 10 estudios observacionales, con un total de 18.0000 pacientes con tratamiento antipsicótico y unos 17.000 eventos cerebrovasculares. Sus conclusiones fueron que los antipsicóticos de primera generación eran los que justamente más aumentaban el riesgo de evento cerebrovascular en comparación con los de segunda generación. Pero cuando acotaron el estudio a pacientes con demencia, el uso de cualquier tipo de antipsicótico, se asoció a un menor riesgo de accidentes cerebrovasculares (OR 1.17,95%, intervalo de confianza de 01:08-1:26).

Estas conclusiones son relevantes, porque aunque el riesgo de un evento está, el uso de antipsicóticos es fundamental para el manejo de los SPCD. Y es que aunque las medidas no famacológicas son importantes, éstas necesitan de personal entrenado, tiempo e inversiones a largo plazo. Medidas todas ellas, difíciles de llevar a cabo en el día a día en momentos con recursos limitados; por estos motivos, el autor considera que el tratamiento farmacológico seguirá siendo un tratamiento de primera magnitud para atenuar los efectos de los síntomas psicológicos y conductuales asociados a la demencia.

Como conclusión, y a la pregunta de si podemos aceptar el incremento moderado de los riesgo de accidentes cerebrovasculares con el uso de los antipsicóticos, el autor responde que sí, teniendo en cuenta los beneficios, eligiendo como de elección los de segunda generación, realizando siempre una valoración cuidadosa del paciente y el entorno familiar así como de las necesidades globales que tengan.

Creo que el autor, con el apoyo del meta-análisis obervacional mencionado, nos aporta más evidencia en el uso de los antipsicóticos en pacientes con demencia y razona un uso adecuado.

Os dejo el link al artículo: Antipsychotics and Cerebrovascular Accidents: Taking or Not the Risk? Pantoni,Leonardo. Journal of the American Medical Directors Association,Volume 18, Issue 8, 651-652