Sami Loutfi

Sami Loutfi

Metge Geriatra
Adjunt al Servei de Geriatria del Consorci Sanitari de Terrassa.
Unitat Funcional d'atenció domiciliària al pacient crònic i complexe.
Sami Loutfi

Actualmente sabemos que, tanto el aislamiento social como la soledad se han relacionado con un aumento de la mortalidad, una mayor incidencia en enfermedades cardíacas y en el deterioro funcional. Y tanto el aislamiento como la soledad, también se han relacionado entre sí, aunque todavía de forma débil.

La propia fragilidad, valorada tanto por el modelo fenotípico de Fried como para el acumulativo de déficits, se asocia también con la soledad y el aislamiento social, aunque su causa es aún incierta. Y la realidad es que hasta el momento, no sabemos qué papel juegan en los cambios en el status de la fragilidad, aunque sí sabemos que influyen en el deterioro de la velocidad de la marcha.

En este sentido, un artículo reciente de la revista Age&Ageing, realiza un estudio prospectivo a partir de los datos a nivel nacional del estudio inglés longitudinal en envejecimiento (ELSA), para saber si el aislamiento social y la soledad, pueden actuar como factores de riesgo independientes para empeorar la fragilidad establecida de una persona. Un segundo objetivo del estudio se basaba en averiguar si una mayor fragilidad podía aumentar la probabilidad de mayor soledad y aislamiento social de manera progresiva.

En la muestra del estudio, participaron personas de ≥50 años de la encuesta de salud inglesa, iniciándose el año 2002/2003 y posteriormente, recogiéndose datos en intérvalos de 2 años. La soledad se registró a través de la escala de la soledad de UCLA y el aislamiento social se cuantificó según la puntuación por diferentes ítems como: ser soltero/a, vivir solo y tener menos de un contacto mensual (ya sea vía telefónica, escrita o en persona) con familiares o amigos y ser o no, miembro de alguna asociación de tipo religiosa o social.

La fragilidad fue valorada, tanto en la vertiente fenotípica del modelo de Fried como en la vertiente acumulativa de déficits medida por el índice de fragilidad, incorporando esta última, hasta 52 déficits. La edad, el nivel económico, el nivel de educación, la presencia de síntomas depresivos y tabaquismo activo, fueron considerados como posibles variables de confusión. En el modelo de fragilidad de Fried, se ajustó también para patologías crónicas de base.

Se utilizó la regresión lineal y la regresión logística, para calcular respectivamente, los cambios en el índice de fragilidad y en el riesgo relativo para ser pre-frágil o frágil, según el grado de aislamiento social y soledad de base. Y los resultados fueron significativos:

1.El asilamiento social o la soledad, se asociaban a mayor edad, menor grado educacional, menor nivel económico, tener más síntomas depresivos, más patologías crónicas, tabaquismo activo, tener más componentes del fenotipo de fragilidad y un mayor índice de fragilidad.

2.Ser mujer, se asociaba a mayor soledad y un discreto aumento también de aislamiento social (P = 0.066).

3.A mayor nivel de aislamiento y/o soledad, mayor riesgo relativo (RRR) de fragilidad y de pre-fragilidad (aunque atenuables en el tiempo ajustando por otras variables).

4.Se encontraron diferencias entre sexos respecto la asociación entre un alto aislamiento social y el riesgo de fragilidad física. En concreto, los hombres con puntuaciones elevadas en aislamiento social, tuvieron mayor riesgo de fragilidad física de manera significativa.

5.Una mayor fragilidad física y un mayor índice de fragilidad de base, sí se asociaron con mayores niveles de soledad, después de ajustarse por edad, sexo, nivel basal de soledad y otras variables. No así con el aislamiento social, en el que los hallazgos fueron menos consistentes.

En resumen, el artículo concluye que efectivamente tanto la soledad como el aislamiento social se han asociado a muerte prematura y deterioro funcional en pacientes mayores.

Por otra parte, altos niveles de soledad, aumentan el riesgo de fragilidad física, y que esta relación que tienen es bidireccional. Pero no tienen el mismo efecto (ni tampoco el aislamiento social) en el índice de fragilidad del modelo acumulativo de déficits. Esto hace pensar a los autores que los dos principales modelos de fragilidad, no tienen los mismos factores de riesgo y que el modelo acumulativo tiene una más amplia definición, abordando unas condiciones generales de la persona más allá de un síndrome médico específico.

Este artículo es uno de los primeros, que a pesar de las limitaciones, intenta dar luz a las implicaciones y la relación que mantienen dos grandes gigantes en Geriatría: la soledad y la fragilidad.

Aquí os dejo la referencia: Social isolation and loneliness as risk factors for the progression of frailty: the English Longitudinal Study of Ageing. Catharine R Gale; Leo Westbury; Cyrus Cooper. Age and Ageing, Volume 47, Issue 3, 1 May 2018, Pages 392–397.