Sami Loutfi

Sami Loutfi

Metge Geriatra
Adjunt al Servei de Geriatria del Consorci Sanitari de Terrassa.
Unitat Funcional d'atenció domiciliària al pacient crònic i complexe.
Sami Loutfi

En una revisión a finales del año pasado en la revista Age and Ageing, se hace una actualización sobre la multimorbilidad y su relación con la fragilidad en ancianos. A propósito de esta revisión, se comenta la publicación reciente también de las guías en esta materia por parte del Instituto Nacional para la salud inglés (NICE) y sus recomendaciones al respecto.

La revisión comienza hablando de la definición de multimorbilidad, entendida como la presencia de 2 o más "condiciones de largo recorrido" que no se pueden curar pero que pueden controlarse con el tiempo. Sabemos que, la multimorbilidad, aumenta con el aislamiento social y la edad y que cuando se comparan estas personas con otras sin estos condicionantes, tienen un mayor riesgo de deterioro funcional, peor calidad de vida, aumento del uso de los recursos sanitarios y de la mortalidad global.

Adicionalmente, la multimorbilidad es también compleja, dado que habitualmente convive con fragilidad y demencia así como también polifarmacia, lo que todo ello hace aumentar las implicaciones a nivel del uso de los recursos sanitarios, sociales y de políticas de gestión sanitarias.

Si sólo tenemos en cuenta el concepto, estaríamos hablando de una cantidad de personas ingente (alrededor de 15 millones de personas en Inglaterra, por ejemplo), por lo que la publicación de las guías de la NICE, han ayudado a indentificar los grupos diana de pacientes con multimorbilidad con mayor complejidad. Además, según estudios recientes (Newcastle 85+, por ejemplo), podemos afirmar que la multimorbilidad puede tener mayor impacto a nivel global de salud de la persona cuando se dan de manera dispar (como por ejemplo cuando se acompañan de deterioro funcional y/o cognitivo) que cuando sólo conviven patologías clínicas similares (Cardiopatía isquémica, HTA, DM-2, etc). A nivel global, también sabemos que esta entidad, aumenta el riesgo de aparición de diversos síndromes geriátricos, como son: dolor, incontinencias, caídas, úlceras por presión y delirium.

La superposición de la multimorbilidad y la fragilidad es también un punto fuerte en esta revisión. Y es que una gran parte de personas frágiles tienen multimorbilidad y este punto también se recoge en la guía de la NICE mencionada anteriormente, definiendo esta superposición como una evolución desde la enfermedad única, con la acumulación progresiva de déficits que condicionan pérdida funcional y la aparición de fragilidad, poniendo a la persona en riesgo de sufrir crisis de salud como son las caídas, la discapicidad, la institucionalización/hospitalización y el aumento por lo tanto de la mortalidad.

La fragilidad, puede ser útil para identificar a personas mayores con multimorbilidad que son especialmente vulnerables a un abanico amplio de eventos adversos y que por lo tanto, más se pueden beneficiar de intervenciones que mejoren sus resultados de salud.

Uno de los ejemplos de multimorbilidad que se describen en esta revisión, es el de la enfermedad de Parkinson. Esta enfermedad convive habitualmente con problemas cognitivos y de salud, como son el deterioro cognitivo, la depresión y la psicosis. Suele acompañarse además de polifarmacia y de comorbilidad importante. Además, últimamente se ha señalado que la multimorbilidad puede ser el condicionante en la progresión de la enfermedad o en sus complicaciones.

Teniendo en cuenta todo lo mencionado hasta ahora, las guías de la NICE proponen que el abordaje de esta entidad sea individualizado en cada caso con el fin de mejorar la calidad de vida, reduciendo polifarmacia, eventos adversos y evitando la fragmentación en el atención. Para hacerlo, se ha tener siempre en cuenta las preferencias de la persona y sus necesidades así como sus prioridades en términos de salud. Dado que además son pacientes que pueden perder sus capacidades, se aconseja que el plan de intervención sea proactivo antes del inicio de las crisis de salud.

Finalmente, el artículo señala la necesidad de poder obtener mayor evidencia al respecto, dado que aún existe relativamente poca en la efectividad de las intervenciones para mejorar los resultados de salud en estas personas (en contraposición a la evidencia más robusta de la valoración geriátrica integral en el abordaje de la fragilidad).

Revisiones como ésta, son importantes para ver que la multimorbilidad va más allá de la comorbilidad; se puede asociar a complejidad y fragilidad, con peores resultados en términos de salud y de calidad de vida. Su identificación puede permitir la realización de un plan individualizado de atención a tiempo y que obtenga resultados favorables a nivel sanitario y social.

Aqui os dejo el enlace del articulo: https://academic.oup.com/ageing/article/46/6/882/4103436