Cristina Roqueta

Metgessa geriatra. at Parc de Salut Mar. Centre Fòrum. Barcelona.
Doctora en Medicina per la Univeritat Autònoma de Barcelona (UAB). Professora Associada de la UAB. Membre del grup d'Ortogeriatria de la Societat Catalana de Geriatria i Gerontologia.
Cristina Roqueta

Me gustaría comentar un artículo publicado recientemente en el JAGS sobre la ingesta de proteínas y las trayectorias de discapacidad en ancianos.

El objetivo del estudio fue determinar el efecto de la ingesta proteica en la progresión de la discapacidad en ancianos de 85 años en la comunidad a lo largo de 5 años.

Se trata de un estudio longitudinal, con 722 participantes incluidos (60% mujeres). La ingesta proteica se estimó mediante dos registros en el momento de la inclusión. La discapacidad se definió como la dificultad de llevar a cabo 17 actividades de la vida diaria, y fueron evaluadas en el momento de la inclusión, a los 18, 36 y 60 meses.

Los participantes presentaron 4 trayectorias de discapacidad diferentes entre las edades de 85 a 90 años: trayectoria 1, discapacidad muy baja (11,3% de los pacientes); trayectoria 2, de discapacidad baja a leve (35,0%); trayectoria 3, de discapacidad leve a moderada (33,9%); trayectoria 4, de discapacidad moderada a severa (19,8%).

-Los participantes con una ingesta elevada de proteínas en el momento de la inclusión, especialmente si la ingesta proteica era superior o igual a 1g/kg/día, tenían más probabilidades de presentar una mejor trayectoria de discapacidad, es decir trayectoria muy baja (trayectoria 1) o de baja a leve (trayectoria 2).

-Como limitaciones destaca, el hecho de no detectar la discapacidad transitoria, la asociación entre ingesta elevada de proteínas y otros hábitos saludables (como elevada actividad física), y la posible relación entre la alteración de algunas actividades de la vida diaria (como dificultad para alimentarse, cocinar comida caliente o ir a comprar), con una peor ingesta alimentaria.

Comentario:
Ante el interés de ralentizar la trayectoria de la discapacidad mediante la intervención sobre factores de riesgo modificables, como la nutrición, han surgido estudios que plantean la ingesta de proteínas como una buena opción para reducir la disminución de la masa muscular y el deterioro funcional de las personas mayores. Se deberían llevar a cabo intervenciones nutricionales protocolizadas en la población anciana comunitaria para prevenir y mejorar su estado de salud.

Cita:
Mendonça N, Granic A, Hill TR, Siervo M, Mathers JC, Kingston A, Jagger C. Protein Intake and Disability Trajectories in Very Old Adults: The Newcastle 85 + Study. J Am Geriatr Soc 2019;67:50-56.

 

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