La fragilidad evidencia al anciano vulnerable, por su pluripatología, condición nutricional, alteración funcional o cognitiva, edad avanzada, polifarmacia y/o disrruptiva social. Hablamos de un “estado clínico y dinámico que aumenta el riesgo de discapacidad, dependencia, morbilidad, mortalidad, institucionalización y hospitalización”; y que requiere una valoración integral para poder realizar una intervención multifactorial y multidisciplinar tanto a nivel funcional como cognitivo, nutricional y del ámbito social para prevenirlo como J. Gómez Pavón et al. explican en una actualización sobre la fragilidad en 2018 en la revista Medicine.

Otro punto importante de la fragilidad y con la que está fuertemente relacionada es la sarcopenia o pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento o derivada de enfermedades crónicas o estados de desnutrición. Esta desemboca en una pérdida de fuerza marcada con los consecuentes efectos negativos que esto provoca en términos de morbimortalidad y calidad de vida entre otros.

En este contexto y desde el punto de vista nutricional, actualmente se recomienda que las personas mayores lleven una dieta rica en proteínas y además realicen ejercicio físico constante, más concretamente se recomiendan cantidades proteicas de >1,2g/kg de peso al día como en el estudio Newcastle 85+ publicado en este año en la revista JAGS, incluso llegando en algunos casos a 1,6g/kg/día (J. Gómez Pavón et al.).

La fragilidad se caracteriza por su estrecha relación con otros síndromes geriátricos como las caídas. En la revista JAGS, se ha publicado un estudio a principios de 2019 que hace referencia a este tema. Se trata de un estudio de cohorte prospectivo de 2464 personas de 60 años o más no institucionalizados en España, que fueron reclutados entre 2008-2010 y seguidos hasta 2012, con el objetivo principal de evaluar la asociación entre la ingesta total de proteínas y el riesgo de caída, y como objetivo secundario evaluar la asociación de la proteína animal y la ingesta de proteínas vegetales con el riesgo de caer. Se introdujeron variables socioeconómicas, de estilo de vida, enfermedades crónicas y oncológicas, tipo de dieta, tipo de proteína en la dieta, medicación prescrita y actividad física entre otras.

No se encontró asociación protectora entre la ingesta de proteínas y el riesgo de caídas. Sin embargo, cuando se evaluó la asociación entre la ingesta de proteínas y el riesgo de caída, se observó una interacción estadísticamente significativa con la pérdida de peso no intencional. Se observó una tendencia inversa entre la ingesta de proteínas y el riesgo de caídas en los participantes que tuvieron una pérdida de peso de 4.5 kg o más en el año anterior.

Los resultados van en sintonía con los del Estudio de Framingham que tampoco mostraron asociación entre la ingesta de proteínas y las caídas; pero si mostró una asociación protectora entre los que habían perdido peso.

Finalmente, dados los resultados obtenidos en el estudio que hoy comentamos, establecen una posible hipótesis sobre que la asociación de la ingesta de proteínas con caídas entre individuos con pérdida de peso involuntaria podría estar relacionada con la fragilidad. Hecho que se ha ido evaluando en otros estudios con resultados significativos.

En conclusión, en múltiples estudios se ha demostrado la relación entre fragilidad, sarcopenia y caídas, y el efecto positivo de la ingesta de proteínas en combinación de ejercicio físico constante en las dos primeras, por lo que las intervenciones para introducir estos hábitos en el adulto mayor, podría prevenir el desarrollo de sarcopenia y fragilidad; pudiendo deducirse una reducción del riesgo de caídas de manera indirecta.

Ref.: Sandoval-Insausti, H.; Pérez-Tasigchana, R.F.; López-García, E.; Banegas, J.R.; Rodríguez-Artalejo, F.; Guallar-Castillón, P. Protein Intake and Risk of Falls: A Prospective Analysis in Older Adults. J Am Geriatr Soc 67:329-335, 2019.        DOI: 10.1111/jgs.15681