Este agosto, la Dra.Elizabeth L. Whitlock publica en la revista JAMA Internal Medicine un subestudio del Health and Retirement Study (estudio de cohortes con personas de la comunidades de los EEUU,> 60 años en 1998 y en 2000, que se han ido siguiendo cada 2 años hasta 2012, o hasta morir o abandonar el estudio), donde se intenta establecer la asociación temporal entre el dolor crónico y la presencia de deterioro cognitivo o demencia. Algunos estudios han demostrado la asociación del dolor crónico con otros síndromes geriátricos (como caídas y deterioro funcional), y también con deterioro cognitivo y demencia, pero el diseño transversal de estos estudios no ha permitido hasta el momento establecer una evolución temporal.

Los outcomes principales de este subestudio eran: puntuación de memoria (resultado de varios tests de función cognitiva) y marcador de riesgo de demencia (puntuación que estima el riesgo individual de desarrollar demencia). Los 10065 participantes se dividieron en dos grupos: con dolor crónico (dolor moderado-severo referido en las dos oleadas en 1998 y en 2000) y sin dolor. Entre las características basales, destaca una mayor prevalencia de artritis, síntomas depresivos, dependencia para ABVDs y comorbilidades en el grupo con dolor crónico. Una vez ajustados los modelos para las diferentes variables, el grupo de dolor crónico presentó una evolución 9.2% más rápida de deterioro cognitivo y un incremento de la probabilidad de desarrollar demencia de un 7.7%. La probabilidad absoluta de desarrollar demencia a los 10 años fue un 2.2% más alta entre aquellos pacientes con dolor crónico. Entre las disfunciones cognitivas asociadas al dolor crónico, destacaban la alteración de la atención y de la memoria a corto plazo.

Sin embargo, dado el diseño observacional del estudio, aun no podemos hablar del dolor crónico como factor de riesgo o como causa de deterioro cognitivo.

Como posibles causas, los autores apuntan a la medicación (sobre todo al uso de opioides) como mediador entre la asociación observada de dolor y demencia, o la acción directa del dolor comprometiendo la función cognitiva. El estrés como consecuencia del dolor crónico podría ser también una variable implicada en el deterioro cognitivo.

Probablemente, la detección y monitorización del dolor debería incorporarse de forma más sistemática en las anamnesis de nuestros pacientes de edad avanzada, dada la asociación significativa de esta variable clínica con las diferentes esferas (funcional, cognitiva, afectiva) y con la calidad de vida, a fin de plantear tratamientos o estrategias no farmacológicas que mejorarán no sólo el dolor, sino el estado de salud global de las personas mayores a quienes atendemos.

Artículo:

Elizabeth L. Whitlock, MD, et al. Association Between Persistent Pain and Memory Decline and Dementia in a Longitudinal Cohort of Elders. JAMA Intern Med. 2017 Aug 1;177(8):1146-1153.

 

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