Neus Gual

Metgessa especialista en geriatria del Parc Sanitari Pere Virgili.Co-coordinadora del #GeribloC.
Neus Gual

La valoración de la fragilidad está adquiriendo mayor relevancia clínica en los últimos años, y específicamente en plantas quirúrgicas, cada vez disponemos de más datos que evidencian que el grado de fragilidad puede condicionar los resultados de salud. En este sentido, Benjamin L Taylor et al publican a principios del 2019 un estudio donde analizan la asociación de la fragilidad con el uso de recursos sanitarios tras una intervención mayor de cáncer urológico. El interés en valorar la fragilidad en este tipo de cirugías es sobre todo por la alta incidencia de cáncer de vejiga, próstata y riñón en personas de edad avanzada.

Se trata de un estudio retrospectivo utilizando datos del Programa Nacional de Mejora de la Calidad Quirúrgica de la Sociedad Americana de Cirujanos, que incluye individuos sometidos a cirugía mayor por cáncer urológico entre 2012 y 2016. Para valorar la fragilidad utilizan el índice de fragilidad de 5 ítems (Five-item Frailty Index = FFI), que puntúa según la presencia y grado de Diabetes Mellitus, EPOC, HTA, ICC y estado funcional.

El estudio incluye finalmente 92.999 personas, de 63 años de media, la mayoría hombres. Las intervenciones más frecuentes son: prostatectomía radical mínimamente invasiva (41%), nefrectomía radical mínimamente invasiva (16%) y cistectomía radical (10%). En el análisis multivariado destaca que a mayor grado de fragilidad, mayor riesgo de aumentar el uso de recursos sanitarios (los más frágiles (FFI>3) duplican el riesgo), analizado tanto de forma combinada como de forma separada (estancia hospitalaria larga, necesidad de traslado a centro de larga estancia o rehabilitación y reingresos). Este aumento del riesgo de los pacientes frágiles se mantiene en todas las cirugías urológicas.

En el análisis univariado, también se observa un aumento progresivo de complicaciones a medida que aumenta el grado de fragilidad y, específicamente en la cistectomía radical, el grado de fragilidad se asocia también a un incremento progresivo de la mortalidad.

Como puntos fuertes del estudio destaca la amplísima muestra de pacientes, el análisis no sólo de complicaciones post-quirúrgicas, sino también de su impacto en el uso de recursos, y el uso de un índice de fragilidad extremadamente sencillo y rápido de aplicar. Como limitaciones, destaca la ausencia de estratificación según las características del tumor (tamaño, extensión, estadio...) y según los niveles de albúmina, factor asociado a malos resultados. También hay que precisar que sólo un 5% de pacientes fueron valorados como muy frágiles (FFI> 3).

No es una novedad pero sí que va en la línea de los últimos estudios publicados y ayuda a la geriatría a continuar trabajando para implementar la valoración de la fragilidad como paso previo a la intervención quirúrgica de una persona de edad avanzada con patología oncológica. La identificación del grado de fragilidad nos debe permitir estratificar mejor el riesgo, mejorar la planificación prequirúrgica, y realizar intervenciones individualizadas de prehabilitación y también perioperatorias para mejorar los resultados.

 

Artículo: Taylor BL et al. Frailty and Greater Health Care Resource Utilization Following Major Urologic Oncology Surgery. Eur Urol Oncol. 2019 Feb;2(1):21-27.

 

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