La insuficiencia cardiaca (IC) y el EPOC están entre las enfermedades con mayor impacto adverso en la población. Las exacerbaciones de ambas influyen negativamente en la supervivencia, la autonomía y la calidad de vida de las personas y son una causa común de hospitalización y visitas al servicio de urgencias.

Se han desarrollado varios modelos de detección de descompensación basados ​​en la monitorización remota de parámetros clínicos como la disnea, la frecuencia cardiaca o respiratoria, la saturación, el peso o la temperatura para intentar detectar lo ante posible dichas exacerbaciones. Con frecuencia, el objetivo es incorporar dichos modelos en una plataforma de telemedicina. Sin embargo, por el momento los modelos desarrollados en el diagnóstico de exacerbación han mostrado una sensibilidad y especificidad variable y pobre.

Así que presentar en este foro un estudio de una revista en abierto de impacto, como es la Journal of Clinical Medicine, que ayuda a dar luz para crear una herramienta para diagnosticar exacerbaciones clínicas, y además está hecho “en casa”, en #geriCSG, por un gran compañero y amigo, no sólo es un orgullo, sino que es todo un honor.

En este estudio prospectivo longitudinal se reclutaron de cuatro hospitales distintos, durante 18 meses a 124 personas mayores de 55 años, con exacerbación de insuficiencia cardiaca o EPOC lo suficientemente grave para producir un ingreso hospitalario. Se excluyó aquellos con una clase funcional IV de la New York Heart Association (NYHA), que portaran marcapasos o dispositivos intracardiacos o que precisaban oxigenoterapia crónica antes del reclutamiento.

Cada paciente se sometió a tres sesiones de evaluación presencial idénticas, una durante su hospitalización o exacerbación, y otras dos tras el alta, en fase estable.

Cada sesión de evaluación  consistió en 3 fases consecutivas: descanso (sentado al menos 20 minutos), esfuerzo (caminar en plano 6 minutos) y recuperación (4 minutos tas la fase de esfuerzo, en posición sentada).

Los principales parámetros que se evaluaron fueron la frecuencia respiratoria y cardiaca, la saturación de oxígeno (SatO2) y la distancia capaz de deambular en metros en 6 minutos (6WTM). También se midió la disnea (mediante las escalas NYHA y mMRC) y la presión arterial en reposo, el peso corporal y la temperatura corporal.

Se observó, sobretodo en EPOC, que la SAtO2 muestra las mayores diferencias entre las fases estable y de exacerbación, cosa ya conocida.

Pero lo novedoso de este estudio, es que aunque 6MWT se ha evaluado como un factor pronóstico para la mortalidad o de reingreso hospitalario, tanto en IC como en EPOC, este estudio muestra que puede ser valorado también para determinar una reagudización, con los puntos de corte de 35 y 40 metros para el EPOC y la IC, respectivamente.

Así que gracias a este nuevo parámetro (la marcha), se puede establecer un nuevo algoritmo diagnóstico de reagudización de EPOC e IC, que supera los anteriores, aunque aún con una tasa  alta de falsos positivos en IC.

Si que tras este estudio, limitado como ellos mismos reconocen (pendiente de validación en una muestra independiente), sería bueno profundizar en este campo, el de la monitorización de constantes vitales durante el ejercicio o la marcha, para que los sistemas de telemedicina de enfermedades crónicas (IC y/o EPOC) puedan detectar más fácilmente una descompensación cardiaca y/o respiratoria en curso que conlleve a un inicio de tratamiento precoz.

 

Bibliografía

Gálvez Barrón et al. Effort Oxygen Saturation and Effort Heart Rate to Detect Exacerbations of Chronic Obstructive Pulmonary Disease or Congestive Heart Failure. J Clin Med. 2019 Jan 4;8(1). pii: E42. doi: 10.3390/jcm8010042.

 

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